Ser mujer con discapacidad en una sociedad que estereotipa: la doble vulnerabilidad que reta accionar doblemente.

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Por: Roxana Carpio Almonte

“Necesitan de nosotros en todo”,afirmaba una persona (en una cena de amigos de la universidad), al referirse a las personas con discapacidad, dando a entender que son dependientes e incapaces en todo.  La experiencia personal mencionada,  revela algunos de los tantosestereotipos presentes en nuestra cotidianidad, hacia las personas con discapacidad.

Los estereotipos de discapacidad, son imaginarios sociales que afectan a hombres y mujeres que la tienen. Sin embargo, el machismo imperante en nuestro país, nos obliga a preguntarnos: ¿vivir con una discapacidad -en ésta sociedad que estereotipa-, es igual para un hombre que para una mujer?

Vivir con una discapacidad  en ésta sociedad que estereotipa  ¿es igual  para un hombre que para una mujer?

Para Yeni Vargas Laura, la respuesta es un rotundo no, “nosotras somos doblemente vulnerables por el hecho de ser mujeres y tener  discapacidad”, expresa.   Yeni, es una joven de  28 años,  nació con parálisis cerebral, una enfermedad congénita que afecta la capacidad del control de los movimientos del cuerpo, mantener el equilibrio y la postura.  Ella ha enfrentado desde niña, las más viles expresiones de estereotipo de discapacidad y violencia de género:                

  El hermanastro de mi mamá, mi tío, me violó sexualmente a los 7 años de edad, yo no entendía la magnitud -del delito-“, cuenta Yeni.    Desgraciadamente su caso quedó entre la injusta  impunidad y  secretismo de la familia.  A los 19 años fue a denunciar al miserable violador, sin embargo, su caso ya había prescrito por los años transcurridos. En vínculo al caso de Yeni, el Informe Mundial Sobre la Violencia contra las Niñas y Niños (Pinheiro, 2016) alerta que  las personas con algún tipo de discapacidad y  las niñas son más vulnerables frente a éste problema.

Estereotipos heredados: causa de la discriminación y exclusión social

Para el Antropólogo Raúl Yujra, miembro de la Asociación Derechos Humanos y medio Ambiente (DHUMA),  los estereotipos sobre las personas con discapacidad son adquiridos a través de un proceso de aprendizaje y transmisión de patrones culturales heredados en determinada sociedad.  “Los estereotipos, son muy peligrosos, crean imaginarios culturales aceptados por la comunidad,  convirtiéndose así en una de las causas más importantes de la discriminación y  exclusión social”, añade.  

Por su parte, la socióloga Maritza Charaja,  señala que los estereotipos de género y de discapacidad, afectan a los derechos humanos de ésta población vulnerable, sobre todo a las mujeres en ésta sociedad machista.

Estereotipos de discapacidad y de género, una de las causas de discriminación y exclusión social: testimonios a flor de piel.

Está claro que la discriminación y exclusión social que causan los  estereotipos de discapacidad hacia las mujeres, se  refleja en diversos ámbitos del vivir cotidiano en contra de las personas con discapacidad.  Ámbitos como la familia,  el trabajo,  los estudios,  la vida social,  incluso dentro de su sexualidad, maternidad y entre otros.

A continuación, reflejaremos la dura realidad de percepciones erróneas –estereotipos de género y de discapacidad-  que mujeres con discapacidad viven día a día:

En el espacio familiar

Nancy Quispe Quea, es una mujer de 37 años y da testimonio de  que la primera barrera señal discriminatoria -a causa de los estereotipos- que tuvo en su vida,  ha sido con la familia  cuando era niña, “los  estereotipos, los prejuicios  de otros familiares, de los conocidos,  hizo que   mis padres tengan vergüenza de cómo estaba, yo tengo polio y ando en silla de ruedas”, recuerda Nancy con un tono triste en su voz.    Luego me comenta que con el tiempo  -la vergüenza de sus padres-  se fue superando poco a poco.

Así también, Yeni Vargas, comenta que si bien las mujeres en forma general son estereotipadas para estar en el espacio de la cocina, las mujeres con discapacidad son más propensas a ello, “Para nosotras es más recurrente, un hombre con discapacidad puede estar en la casa leyendo o estar ahí, sin embargo, quienes somos ordenadas a cocinar para toda la familia somos las mujeres con discapacidad”.

En el espacio educativo

Para Yeni, tener  parálisis cerebral, no fue  limitante para lograr  ingresar  a un instituto tecnológico. No obstante,  en el transcurso de sus estudios, aparecieron los terribles estereotipos de discapacidad, ésta talentosa  poetisa y contadora  cuenta uno que la marcó: “teníamos que formar una comisión para capacitar en todos los salones,  yo me ofrecí a hablar de un tema, casi nadie en mi salón quería hacerlo. Entonces, hubo una compañera que hizo un comentario en un tono despectivo, dijo que  cómo van a enviar a una persona discapacitada,  los demás del salón tendrán más discapacidad que ella”.

En la institución Educativa Básica Escolar “Santa María de Guadalupe”, ubicada en el Distrito de Arapa, Región Puno,  se forma  Carol de 18 años de edad,  ella tiene síndrome de down.  Al contrario de lo que muchas personas podrían imaginar

(que son estorbo social, que son irracionales, etc.), ésta joven al igual que sus compañeros con otros tipos de discapacidad, han logrado desarrollar diversas habilidades para una mejor calidad de vida.

Rosa Mamani, es profesora del aula 3, donde estudia Carol.  Ella asevera que sus alumnos están en proceso de descubrir sus habilidades, y que hasta el momento,  vienen realizando manualidades como pulseras, para fiestas navideñas ya vienen haciendo coronas navideñas. Éste centro educativo, también estimula a sus alumnas/os  a  desarrollar habilidades de negocio para que en el futuro ellos puedan desenvolverse en su autonomía económica.  

En el ámbito de inserción laboral.

Tanto Nancy, como Yeni, coinciden que han sido afectadas por los cánones de belleza que exige la sociedad machista al buscar un trabajo.  Yeni, atestigua “Cuando fui a presentar mi currículo a unas empresas para cubrir un puesto laboral, yo me di cuenta que lo primero que vieron es la imagen, si eres bonita, si tienes buen cuerpo -el que piensa el machismo-, te contratan más fácilmente”, agrega Yeni.

“Actualmente hago un trabajo independiente en casa, tejemos junto a otras compañeras también con discapacidad  para una persona que  nos encarga hacer éstos trabajos”,cuenta Nancy Quispe.  Los trabajos temporales como el que tiene Nancy, se dan en medio de la informalidad, no hay seguros médicos, no hay vacaciones, no hay aguinaldos, no hay futura pensión de jubilación…  Tal vez la positiva rebelión  de Nancy  y  sus compañeras frente a ésta cruda  realidad, es emprender un negocio colectivo: “Pensamos independizarnos, queremos hacer una microempresa junto a mis compañeras e incluir a más personas como nosotras”.

En el ámbito de la sexualidad.

Yeni  me cuenta que sus jefes inmediatos  quisieron propasarse con ella, cuando estaba haciendo prácticas profesionales en la municipalidad de Juliaca, pero que les puso pare.  Frente a lo que le pasó, Yeni hace una reflexión  “Creo que esto del acoso, todas las mujeres sufrimos eso,  pero también somos  más propensas las que tenemos discapacidad porque nos creen que somos tontas para caer o que por el hecho que tenemos discapacidad no podemos tener una pareja, y que por éste hecho estamos necesitadas”.

“La gente piensa que sobre todo las personas con alguna discapacidad mental, auditiva o visual, no tenemos que sentir, ni razonar y que por consecuencia no tenemos derecho a vivir nuestra sexualidad, nosotros tenemos derecho a vivir nuestra sexualidad como todas las personas”

En el ámbito de la maternidad.

Nancy Quispe, es madre de una joven de 17 años de edad, ha logrado superar con esfuerzo los imaginarios y prejuicios de su familia frente a su decisión de ser madre. No obstante, ella observa que  hasta ahora hay un cierto rechazo a que una mujer con discapacidad  tenga hijos o una familia.

Éste rechazo ante la maternidad de mujeres con discapacidad, que señala Nancy, se efectiviza en nuestra sociedad con acciones clandestinas como las esterilizaciones forzosas desde niñas. El Comité de Derechos del Niño en 2007 determinó que la esterilización forzosa de niñas -incluidas las que tienen alguna discapacidad- es una forma más de violencia contra  la infancia, e insta a su prohibición en los estados firmantes.

He escuchado casos de que a niñas con cierta discapacidad, las esterilizan. Están cometiendo un grave delito, porque vulneran el derecho a ser futuras mamás”, asevera Yeni, con la firmeza de toda mujer que sabe de sus derechos.

La necesidad de cambio por el bien común: ¿Qué hacer frente a los estereotipos de género y discapacidad?

 Palpablemente, la sociedad es muchas veces, la que “discapacita” a las personas con discapacidad, a éstas alturas, luego de leer éste reportaje, está más que claro que los estereotipos culturales de género y  discapacidad, provocan exclusión y discriminación. Desquitarnos de los estereotipos para garantizar el ejercicio efectivo de los derechos de las niñas y mujeres con discapacidad, es imprescindible para vivir en bien común –en el allin kausay como decimos en la cultura andina-. ¿Cómo hacerlo?

Afirma la antropóloga Young Mi Lee, catedrática de la Universidad Nacional del Altiplano de Puno, que lo primero en éste quehacer, es la educación y mediante ella reconocer que existe éste problema de estereotipos, de la misma manera, evitar la victimización o paternalismo, en vez de ello, promover el empoderamiento -evitando subestimar sus capacidades- y la práctica de inclusión desde el estado y sociedad.

“En nuestra sociedad hay mucho por hacer sobre todo en el tema mujer con discapacidad”, nos plantea Yeni Vargas.  Los desafíos que lanzan Yeni y la antropóloga Young, son retos  que debemos tomar todos y todas sin distinción, ésta periodista se apunta a accionar por los retos de bien común ¿Ustedes?